Y ahora estoy aquí… por ahora

Aún recuerdo un amigo diciéndome: “todas las mujeres yendo al salón de belleza a ponerse extensiones para su graduación, y tú eres la única loca que se rapea la cabeza” (no me lo había rapeado, pero sí se me veía bastante el cráneo) y la verdad, pasé por alto su comentario, me reí bastante y tripié mi graduación.
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Llegando a Florida, me encuentro con centros gigantes especializados en todo tipo de productos, pelucas, extensiones y demás para el cabello duro. Es decir, encontré el cielo. Volviéndome loca comprando todo tipo de productos, fui conociendo poco a poco mi cabello, dándome cuenta que lo que le funcionaba a alguna loca en internet en las reseñas de los productos, no le funcionaba a mi cabello. Aquí aprendí que el único consejo sano que le puedo dar a una naturalista como yo, no es decirle que se compre el mismo producto que el que utilizo, sino que se aplique todo lo posiblemente natural para su cabello. Más adelante en otra entrada explicaré por qué.

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En fin, este camino de 6 años no ha sido en vano. He ejercitado el don de la paciencia con mi cabello, me he frustrado, he aprendido a los golpes qué hacer y qué no, he experimentado, he escuchado todo tipo de consejos locos y sabios a lo largo de este caminar, y no he tolerado al que no le gusta mi cabello y siente la urgencia de hacérmelo saber. Este camino ha sido el más bello de todos, en el que ser diferente y auténtico en una sociedad del siglo XXI es malo, ya que es necesario entrar a los puñetazos en el molde de la suciedad.

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Sociedad*, perdón.

Espero y caminen conmigo en este largo trayecto.