Por dónde fui

Luego de pasar toda mi infancia utilizando trenzas, mi siguiente paso en la adolescencia creo que fue el más obvio: alisado.​

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​​Estaba tan cansada de mi cabello natural con trenzitas (que en ese momento sólo conocía ese método de cuidado y peinado) y ya yo era una niña “grande”. Fui esclava de este químico por muchos años, en el que siempre tuve un buen cuidado de mi cabello, utilizando dizque los mejores productos para el cabello lacio, colocándome siempre los famosos rollos tamaño tuberías del IDAAN para darle volumen y minimizar el daño por calor.

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En el 2009 fue mi año de epifanía, en donde siempre me pareció de lo más hermoso los cabellos rizados de las películas remontadas al siglo XVIII, en donde las actrices portaban hermosas melenas brillantes y rizadas hasta la cintura, y pensé: “si soy negra, mi cabello es por default rizado, me va a crecer rápido y lo tendré hermoso hasta la cintura”.

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(Rachel Hurd-Wood en “Perfume: The Story of a Murderer”)

Cuán equivocada estaba.

Por mucho tiempo intenté tener el cabello rizado aún teniendo el alisado encima, por lo que sabía que eso jamás me iba a funcionar porque el resultado siempre era el mismo: pelo tostado y no había crema para peinar que funcionara. Así que fui cortándolo poco a poco, primero la parte de atrás dejando alisado sólo en la parte de arriba, en donde estaba el pelo más duro. Hasta que venía la fecha de mi graduación de la universidad, y por ahí mismo, mi viaje de medio año a Estados Unidos. No había mano negra que salvara ese pequeño pedazo de cabello alisado allá, ya que las que tienen controlado ese mercado son las asiáticas, y era bastante ignorante con respecto a ese rubro en los “esteits”. Así que opté por el movimiento más audaz que una mujer puede hacer: cortarme lo que quedaba del alisado y quedarme con el poquito cabello que tenía (la famosa y temida transición)…

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